Háblenos
un poco de su último CD, À la française.
Tiene un valor más humano que musical. Musicalmente
es repertorio que todos los saxofonistas conocen muy
bien. No aporta casi nada nuevo, salvo que me permite
tocar un repertorio que en realidad toco poco, un
repertorio que ya no es realmente el que toco en concierto.
Lo toco un poco, pero no es mi especialidad, aunque
creo que no estoy especializado. Sobre todo, me permite
rendir homenaje a Marcel Mule, a Daniel Deffayet,
para quienes fueron escritas. También me permite
hacer un balance, ya que estoy a mitad de mi carrera
profesional. Hacer un balance para ver qué
queda de mi herencia, qué he retenido de
obras que he tocado con profesores.
Porque todo el repertorio actual, o al menos el 90
%, no lo he estudiado con ningún profesor,
lo he trabajado solo. Bueno, algunas cosas si las
había abordado antes. Denisov lo trabajé,
pero no puedo decir que lo he estudiado con algún
profesor, realmente no recibí ningún
consejo. En cambio, Desenclos, Tableaux de Provence,
Sencan, Koechlin... es repertorio que calificaría
de escolar. Y es interesante saber qué queda
de eso, qué placer siento al tocar esas obras.
Y realmente disfruto tocándolas, me parece
interesante, me parece que es un repertorio que tiene
su parte de valor. Hace 25 años era el repertorio
del saxofón. Si salíamos de ahí,
es porque éramos unos heréticos. En
cambio, hace diez años e incluso ahora, hay
gente que dice que no vale nada, que no hay que tocarlo,
que hay que desecharlo, que es basura, que es nulo,
que es tonto... Y yo considero que no es ni una cosa
ni la otra. No es ni el repertorio del saxofón,
ni hay que tirarlo a la basura. Es útil, es
interesante, en primer lugar porque suele ser música
muy agradable y placentera, y además, es difícil.
Pedagógicamente hablando, tiene cierto valor,
porque por un lado es parte de la historia. La contemplamos
como un objeto que compramos hace 20 años.
No lo ponemos en la chimenea como si fuera lo más
importante que tenemos, porque no nos identificamos
con ese objeto. Pero nos hace pensar que en esa época
nos gustaba eso. Y al final, no lo tiramos, no lo
revendemos. Nos sentimos atados a él como su
fuera una parte de nosotros mismos. Es una pieza útil.
¿Cuáles son
las principales virtudes de un buen saxofonista hoy
en día?
Creo que son las mismas calidades que se le exigen
a cualquier otro músico. Lo primero, es conocer
la música, tocar afinado, medir correctamente,
controlar su instrumento, controlar una herramienta.
Y saber comunicarse a través de esa herramienta.
Después, lo que hagamos, cómo nos expliquemos,
eso depende de uno y de otros, depende de la cultura,
depende de los gustos. Lo primero y esencial es el
control de la herramienta. Y eso es lo que vemos aquí,
en la semifinal. Globalmente, los 18 semifinalistas
son buenos músicos, son personas que tienen
algo que decir, que comunicar. No hay ningún
tipo de catástrofe, son buenos músicos,
pero a menudo potencialmente buenos. El problema es
que tienen un límite. Yo por ejemplo, hablo
español, pero hablo un poco de español
sólo. Si quisiera hablar de filosofía
en español, apenas podría comunicar
mis ideas. Tengo ideas, claro que las tengo, pero
las comunicaría de una forma un tanto abrupta,
de forma un poco grosera. No tengo el vocabulario
necesario, ni la terminología... no sé
hablar bien español. Y eso es lo que solemos
escuchar. Tienen un potencial, son buenos músicos,
tienen mucha sensibilidad... pero no tienen el vocabulario
necesario, no saben cómo decirlo. Adivinamos
que son buenos músicos. No obstante, también
hay que tener en cuenta una cosa: la presión
psicológica es muy fuerte en un concurso como
este. La presión es demasiado fuerte, de hecho.
Yo, ya no tengo la oportunidad de tener esta presión
en un concierto. A lo mejor estoy tenso los primeros
cinco minutos, pero nunca dura más. Después,
me divierto un poco, me gusta mi trabajo, es mi trabajo.
Sin presiones, no me gustaría volver a encontrarme
en esa situación. ¿Realmente hay que
pasar por ahí? Lo importante es que los estudiantes
entiendan bien el objetivo, porque es ésa la
situación. Creo que la situación no
es ni buena ni mala. Puede ser mala si pensamos que
hay que luchar contra los otros, aplastar a los otros,
ser mejor que los demás. Lo importante es ver,
en un contexto pesado y cargante cómo me comporto,
qué hago de mí mismo, de lo que controlaba
dos días antes en mi estudio tranquilamente,
en qué se convierte todo eso cuanto me pongo
a prueba. Cuál es el resultado cuando me encuentro
en situación. Es lo mismo que cuando estamos
en el restaurante. El cocinero tiene que servir a
cincuenta personas, y tiene que luchar, la salsa está
demasiado salada, hay mucha tensión... y yo,
estoy sentado en mi mesa comiendo, y quiero paz, que
todo esté tranquilo, que esté bueno,
que esté caliente. En un concierto es igual,
vengo a alimentarme de algo que esté bueno.
Yo, como público que soy, quiero lo mismo,
no estoy tenso, estoy tranquilo, mientras que el músico,
en escena, lucha contra sí mismo. Y hay algo
que es muy bonito en esa situación.
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