Tu experiencia personal
de tu participación a lo largo del
Festival ENSEMS
Cuando me invitan como intérprete
a un festival, lo que siento y mido es la
calidad de la organización y en particular,
la que concierne a mi propio concierto. Toda
mi atención y mi energía deben
ser volcadas en su realización.
No voy para hacer turismo, ni inclusive musical;
casi siempre parto al otro día del
concierto. Inclusive, el programa general
del evento, a menudo lo suelo leer después
de regresar a Paris.
De esta manera, yo he estado más que
plenamente satisfecho de mi participación
en ENSEMS. Humana y materialmente forma parte
de mis recuerdos, y de mis buenos recuerdos.
De todas formas y en cualquier parte, existe
también una sensación que se
puede apreciar como artista (intérprete)
que es la “calidad” del público,
pero ella depende más aún de
los intérpetes que de la organización
y, en 99 por ciento, de los comportamientos,
la educación, y las caracteristicas
socio-culturales, de las cuales surge este
público.
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La oportunidad o la necesidad
de este tipo de festivales. Puedes compararlo con
otros festivales Europeos.
La sola cosa que podría tornar
inútil este tipo de festivales seria un concierto
semanal ! de música contemporánea, en
la ciudad donde tiene lugar el evento.
ENSEMS es uno de los grandes festivales que son necesarios
en cada país de Europa.
La edición en la cual participé me pareció
estar a la altura de los grandes festivales. A ella
se le agrega la convivialidad española.
¿Te parece oportuno que vayan acompañados
de conferencia y clases?
Según mi opinión, la
música no existe verdaderamente hasta el momento
en que es compartida (la partitura representa mucho
pero está muy, pero muy lejos de ser La Música).
La Música no tiene por qué justificarse
ni explicarse.
Sin embargo, las conferencias y las clases en medio
de un festival son una ocasión para que el
goce musical y el estudio se fortifiquen el uno al
otro.
¿Cómo ves al público
de la música contemporánea? ¿Habría
que salir del Ghetto de los festivales?
Cuando salgo a escena para iterpretar
una obra o un programa completo, no tengo delante
de mí a un público de música
contemporánea; está frente a mí,
simplemente, un público.
Si pienso en esto desde afuera, diría hoy que
este público es muy bueno, pero en cantidad
dramáticamente muy reducido. El mismo pudiera
ampliarse con millones de personas que se “privan”
de un placer musical auténtico, limitándose
a escuchar las obras de otro tiempo, y más
bien consumiendo los productos de una indigencia musical
consternante.
Ghetto es una falsa buena imágen para describir
la situación de (compartir) la música
contemporánea; inclusive sí la mayoría
de los melómanos se encierran en la música
anacrónica, los conciertos de música
contemporánea están abiertos a todo
el mundo.
En cuanto a las mezclas que se pudieran hacer de la
música contemporánea con aquella de
otras épocas, este puede ser defendido por
individuos que son a la música lo mismo que
a la gastronomía: aquellos que comen foi-gras
sobre galletas, acompañádolo con coca-cola.
Un (programa de) concierto es una super obra. Igual
que una obra, es una variedad de producción
de sensaciones / emociones y debe ser orgánicamente
construído.
De todas maneras las “gentes” de la contemporánea
no han jamás prohíbido a los de la dicha
clásica de interpretar la música de
nuestro tiempo.
Se puede inclusive soñar que los intérpretes
se consagren exclusivamente a la música Romántica
o a la Barroca, en razón de la barrera sicotemporal,
más allá de la cual se sitúa
la música contemporánea.
Presente u futuro de la composición
e interpretación.
Para el futuro no tengo más
que sueños personales (que son quizás
realistas).
Mi trabajo se situa en el presente anticipado.
Aunque hay siempre altas y bajas en la aventura humana...,
y en la composición, la observación
de más de 1000 años de historia musical
deberían asegurar a los que se interesan por
el futuro. Se pudiera esperar que ellos remarcarán
el relieve incomparable del siglo XX.
Para una existencia sana, justa y plena de la música
contemporánea habría que reequilibrar
los roles composición / interpretación.
Si la apreciación y valorización de
la composición son objetivamente fundadas,
estas lo son solo especulativamente. Pero en “tiempo
real”, a lo largo de los conciertos, los análisis
que han conducido a estos éxtasis admirativos
de inteligencia combinatoria, no son (o más
bien poco) pertinentes en la globalidad de la percepción
musical.
Aunque, a partir de un mínimo de coherencia
composicional, un intérprete puede darle cuerpo
a una organización, “habitarla”,
y llegar a provocar emociones.
La diferencia no es mayor ni más importante
entre una buena y una mala interpretación,
que entre una buena y una mala composición.
Por otra parte, contrariamente a lo que se cree, una
partitura dá muy poca información con
respecto a lo que se escucha. Por ejemplo, en el caso
de una ejecución de grado cero (rudimentaria),
por una pareja secuenciador-sampler, las informaciones
correspondietes a las alturas y los matices tendrían
menos lugar, comparativamente a aquellas que ocupan
la producción de sonidos.
Cuando transponemos el acto sobre un instrumento de
viento, comenzar a (des) escribir lo que sucede en
la primera nota, llenaría la página
antes de haber comenzado la segunda nota.
Así, el compositor indispensable, no habiendo
(des) escrito todo no puede pretender ser el maestro
de todo. Él no inventa el infra-lenguaje sobre
el cual trabaja.
Si acordaramos igual importancia al acto musical completo
(el concierto... la grabación, e incluir aquí
todos los responsables y actores de lo que se escucha)
más que a una de sus partes, aunque fuere ella
la más inteligente, cambiaría el futuro
del futuro musical.
Entrevista
de Josep RUVIRA
(septiembre 2002) Enviada
por Novamusica
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