CARTA ABIERTA
PARA QUIENES DESEEN SER MÚSICOS
por Karlheinz STOCKHAUSEN
1971
Traducción al español del original
Por Vicent
MINGUET
Una
vez más estamos envueltos en una revolución,
pero esta vez está ocurriendo en el mundo
entero. Esta vez, fijemos realmente las metas más
altas que nos sean posibles ¡Toda la humanidad
está en juego!
A lo largo del
mundo, encontramos el sentimiento opresivo y aterrorizado
de que allí frente a nosotros hay algo que
sólo se puede comparar con el nacimiento
de la primera planta a partir de la materia inanimada,
con el nacimiento del primer animal a partir del
reino vegetal o con el nacimiento del primer hombre
a partir del reino animal (una nueva etapa en el
desarrollo de la consciencia).
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Tan fuerte como el anhelo
del hombre por la próxima etapa del ser es su miedo,
y su resistencia a abrirse a esta nueva conciencia. Unos
pocos individuos, grupos, partidos, pueblos, creen que
gozan de primacía, de prioridad, y que por lo tanto
pueden suprimir y comerse literalmente a los demás.
Porque en verdad, somos desiguales, con respecto a la
inteligencia y a las posibilidades, y sabemos que sólo
unos pocos de nosotros tendrán éxito en
la tarea de ser libres y en lograr un estado de súper-conciencia
por medio de nuestro propio poder interior. Del mismo
modo, sólo unos pocos animales "sabían"
cómo convertirse en humanos. Uno sólo puede
llegar a ser más altamente humano superando su
egocentrismo y superando también el miedo a perderse
a sí mismo de esta manera. No tratemos de establecer
nuevos sistemas en oposición a los que queremos
derribar, porque los sistemas son demasiado restrictivos,
y quieren excluir, suprimir y erradicar a los disidentes.
Nuestra concepción debe ser tan amplia que nos
veamos a nosotros mismos como parte del mundo entero,
permitiendo a los viejos sistemas que se mueran, sin perpetuarlos
y sin agregar otros nuevos para los que pretendamos proclamar
derechos exclusivos sobre la mente de otros hombres.
Los sistemas son productos
de aquella razón que nuestros antepasados hicieron
único dueño del cuerpo, en el que el alma
era un prisionero. Los viejos sistemas atribuían
todo el poder al primer sirviente del cuerpo, la razón.
Pero seamos conscientes de que la razón, a menos
que sea constantemente alimentada por una inspiración
más elevada desde lo supraracional, continuamente
hace las combinaciones con todo lo que está acumulado
en ella y puede, en cualquier momento, proclamar lo que
se le dé la gana como verdadero (incluso puede
proclamar lo opuesto como verdadero). Uno puede usar la
razón para cualquier propósito. Puede sostener
cualquier opinión, puede justificar, probar o refutar
todo. Y si uno no ha aprendido a manejarla, puede correr
locamente sin pararse nunca. Es un instrumento útil,
nada más y nada menos. Es una computadora ejemplar.
Pero ¿quién la usa? y ¿para qué?
El super-ego nos debiera
dar alimento para el pensar. Y el super-ego adquiere ese
alimento de la conciencia intuitiva, de la más
alta conciencia supra-personal cósmica.
¿Por qué
hago yo tal aseveración, yo que al fin de cuenta
soy un músico y no un filósofo? Porque nosotros
los músicos debiéramos vivir tan intuitivamente
como fuera posible. Porque he descubierto que todo empieza
de nuevo cuando se adquiere esta conciencia y se trata
de desarrollarla todo lo que sea posible. Entonces uno
es músico sólo secundariamente, uno es especialista,
un hombre con una profesión. Antes que nada, uno
es un espíritu individual, que debe tomar contacto
con el espíritu universal antes de tratar de comunicar
algo de importancia al resto de la gente.
La música no debería
ser solo un baño de olas que bañen el cuerpo,
un psicograma tonal, un programa de pensamiento con tonos.
Debería ser una corriente tonal metamorfoseada
de electricidad cósmica super-consciente.
La mayoría de
los músicos que practican la música hoy
en día están realizando una acción
automática -inconscientemente- y han perdido el
entusiasmo que tal vez tuvieron durante un breve lapso
cuando eran muy jóvenes y estaban muy decididos
con respecto a la música como profesión.
Debemos construir nuevamente desde el principio, y una
vez más debemos despertar ese entusiasmo original,
o si no abandonar la música.
Por esa razón,
deberían disolver todas las orquestas y coros por
un tiempo y dar a cada músico la oportunidad y
el tiempo para mirar dentro de sí, para meditar,
para descubrir qué es aquello para lo cual vive,
por qué hace música y si está profundamente
entregado a la música y por lo tanto debe dedicarse
a ella. Desgraciadamente, veríamos que la mayoría
de los músicos que han estado durante años
comprometidos con esta profesión de la música,
y que creen que esta actividad continuará hasta
que mueran o se retiren, dejarían la música
y se dedicarían a otra cosa. Tal vez no harían
nada durante un tiempo largo (siempre que uno continuara
pagándoles y por lo tanto privándolos de
esos viejos argumentos financieros que hacen que la gente
siga teniendo lo que odia), lo que podría ser en
sí muy fructífero. Las razones habituales
para ganar dinero -permanecer vivo o satisfacer las exigencias
siempre en aumento de cada uno- son al fin y al cabo nada
más que razones perezosas.
En la India, en una carretera
entre Agra y Jaipur, conocí a un músico
que tocaba para mí en un pequeño instrumento
de cuerdas que había construido él mismo.
Y fue uno de los pocos músicos maravillosos que
yo haya conocido. No poseía nada. Me dijo que cuando
obtenía una buena remuneración era cuando
lograba aproximadamente tres centavos por día,
tirados por algún transeúnte al que le gustaba
su música. Cuando le pregunté si me vendería
su instrumento por veinte dólares -una suma que
no podía ganar ni en unos varios años- me
miró estupefacto, le corrieron lágrimas
por las mejillas y sacudió la cabeza: "No".
Me sentí mortalmente avergonzado.
Aquellos que quieran
ser músicos, siguiendo su llamado más elevado,
deben empezar con el más simple de los ejercicios
de meditación, al principio sólo con ellos
mismos: "Tocar un tono con la idea de que uno dispone
de todo el tiempo y el espacio del mundo", y así
de ahí en adelante. Antes que nada, de todos modos,
deben adquirir conciencia, conciencia de por qué
están vivos, de por qué todos estamos vivos
para lograr una vida más elevada y para permitir
que las oscilaciones del universo penetren en nuestra
existencia humana individual. Y los músicos deben
echar las bases para la llegada de un ser humano más
elevado aún enterrado en nosotros. Y colocar el
cuerpo todo, hasta las partes más pequeñas,
en estado de vibración para que todo llegue a ser
más receptivo y más suelto y para que el
músico pueda percibir las vibraciones de la conciencia
más elevada.
Puedo experimentar de
antemano la desaprobación con que ustedes leerán
esta "carta abierta". No me molesta. De todos
modos, estaría muy mal que no tuvieran siquiera
la insinuación de que en sus mejores momentos ustedes
actúan por intuición y que son las posibilidades
de una existencia superior lo que los hace permanecer
vivos. Ustedes no querrían seguir viviendo si tuvieran
los sentidos embotados. En cambio, deberían desear
adquirir mayor conciencia del mundo y sus por qué
y sus quizás. Y deberían saber que nuestras
fallas y nuestras imperfecciones son sólo signos
de que estamos ascendiendo, elevados hacia ese futuro
que está en nosotros -lo que es la súper-conciencia,
constantemente llevándonos hacia arriba, cada vez
más alto.
Nosotros, los músicos,
hemos recibido un gran poder para encender con acordes
el fuego del anhelo de elevarse. Fuera de nosotros mismos.
Seamos cuidadosos de no perder este poder. No sólo
es importante que los músicos traten de alcanzar
las alturas más elevadas, sino que además
el campo de la vibración que los rodea es tan fuerte,
tan eléctrico, que cualquiera que penetre en este
campo se eleva con los músicos.
Participemos por lo tanto
en la gran revolución de la humanidad, puesto que
realmente sabemos lo que queremos de verdad. Vale la pena
jugarse la propia vida cuando está en juego. Pero
ya no vale la pena cuando solamente están comprometidas
verdades parciales, grupos privados, problemas nacionales
o problemas políticos unidimensionales. Que no
nos domine la idea de que hay alguna clase de validez
individual en una revolución francesa, vietnamita,
checa, rusa o africana. Lo único que cuenta es
la revolución de la juventud mundial en pro de
lo más elevado del hombre. Nada más que
esto. El hombre más elevado no ha de nacer de la
destrucción, de la explosión de átomos,
de cerrar fronteras viciadas, sino sólo de la conciencia
creciente de que la humanidad es un solo cuerpo, y de
que el cuerpo entero está enfermo e incapacitado,
mientras haya uno solo de sus miembros golpeado, herido,
ultrajado o eliminado.
La batalla -y una batalla
es inevitable- será dura, ya que los que están
en el poder han perdido su fe en la humanidad. Creen que
ellos son los elegidos porque la situación es tal
que tienen los medios físicos para detentar el
poder. Tienen a su disposición los dogmas y los
sistemas morales, políticos y religiosos que usan
para juzgar y ordenar a los más débiles.
Pero en realidad, son los prisioneros de su propia razón,
que divide todo para poder "entender" y controlar
al mundo.
Así pues, los
ingenieros de la razón perderán en el último
análisis sus guerras “no santas” porque
están “heridos” y no tienen ninguna
super-conciencia del hombre más elevado que inspire
sus acciones. Somos gobernados por generales del ejército,
magnates financieros, estadistas, oficiales de partidos,
fanáticos religiosos, líderes “grupales”
y especialistas en administración. ¿Qué
otra cosa podemos esperar del mundo bajo estas circunstancias?
Pero empecemos desde
la línea de partida: desde nosotros mismos. Lo
cierto es que cuando hayamos adquirido la conciencia más
elevada ya no necesitaremos "ser gobernados".
Entonces obtendremos consejos de los santos (no los santos
de la iglesia, sino los espíritus que sirven a
toda la humanidad, que han adquirido una conciencia universal
que va más allá de las diferencias de religión
y de raza y que no confunde universalidad con uniformidad).
¿Qué tiene
que ver todo esto con la música? Hoy lo que interesa
es la totalidad. Si entendemos esto, haremos también
una música verdadera que permitirá que esta
totalidad se pueda conocer.
Traducción de Vicent
MINGUET