| En Manuel Angulo López-Casero, el calificativo de maestro tiene doble sentido. Es maestro de primera enseñanza y es compositor, catedrático y artista. Su personalidad se comprende dentro de dos coordenadas fundamentales que son la música y la pedagogía. El fondo de la música está, para Angulo, en la creación misma. La interpretación y la enseñanza no tendrían sentido sin la producción de obras musicales. Sin embargo, estas otras actividades tienen una gran importancia y de ellas depende en gran medida la repercusión que el arte pueda tener en la sociedad de hoy. Muy atento a la reforma de la enseñanza, Angulo se felicita de que la música pueda ocupar un espacio cada vez mayor en la enseñanza primaria, pero al mismo tiempo se pregunta ¿qué tipo de música? Su reflexión va más lejos: "La música contemporánea no está prevista en la enseñanza. La propia formación musical de los profesionales está muy poco abierta a las manifestaciones contemporáneas y aún son raros los intérpretes capaces de expresarse utilizando lenguajes modernos y antiguos de forma indistinta".
Sin embargo, la pluma de Angulo se mueve con facilidad entre distintos estilos, según el objeto que tenga la música que produce, y ningún género le repugna si es cultivado con inteligencia e inspiración. Angulo es un compositor de oficio, formado junto a una generación de transición que abrió nuevos caminos sin olvidar nunca del todo los antiguos. Por eso, Angulo reivindica la continuidad histórica del lenguaje musical. Para este compositor manchego, la diferencia entre tradición y vanguardia no existe, o no debería existir, pero ello no significa la desaparición del tiempo actual. Su visión de la música es global y obedece a una sólida formación académica, que redondeó en Italia, Austria y Francia
El divorcio entre la música clásica y la música contemporánea le parece un error que sólo se podrá corregir si los compositores adquieren compromisos en el ámbito de la educación. El compositor tiene una responsabilidad frente a la sociedad, puesto que puede ofrecer a los demás la oportunidad de vivir en su tiempo, restableciendo la correspondencia entre las personas y su época. Angulo observa que, lamentablemente, hay muchos individuos que, a pesar de lo que diga su documento de identidad, son de otras épocas, pues sienten y viven las mismas inquietudes del pasado. Este compromiso del compositor con la enseñanza lo siente Angulo como una honda vocación, pero a la vez reconoce que le ha restado tiempo de dedicación a la creación.
A la hora de componer, la preocupación fundamental de Manuel Angulo es la forma, la organización general de los ambientes sonoros. La forma la concibe muy estrechamente ligada a la planificación tímbrica. Dentro de la gran variedad de su catálogo, su trabajo se centra fundamentalmente en esta búsqueda de un lenguaje apoyado en una sólida organización formal, que sirva para dar coherencia a la fantasía y a la inspiración musical, que, en su caso, parte de una visión total de la obra y de ciertas células motoras.
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