Artículos

Imprimir

Entrevista a Marcel Mule: Historia del Vibrato en el Saxofón, por Claude Delangle

Marcel Mule nació el 24 de junio de 1901 en Aube, una pequeña ciudad de Normandía, a 80 millas de París. De joven, Marcel estudió en la ACADEMIA CONVENCIONAL OF THE Time y esperaba realizar una carrera relacionada con la enseñanza.

La primera guerra mundial interrumpió sus estudios de música y, en 1921, fue llamado a servir en la quinta división de infantería, por lo que tuvo que mudarse a Paris. Tras el servicio militar, se unió a Banda de Música de la Guardia de Republicana y, en los años siguientes, junto a su carrera forjó el sonido y estilo que habría de influir para bien en las generaciones de saxofonistas siguientes.

Esto fue gracias, en gran medida, a que él fuera el primer profesor de Saxofón en el Conservatorio de París desde que Adolphe Sax hubiera abandonado en 1870. Enseñó en el conservatorio durante 25 años.


Historia del Vibrato en el Saxofón

Marcel Mule, entrevistado por Claude Delangle.
Traducción al Castellano: Marcos Payo Humet

Claude Delangle: Me encanta visitarle casi todos los años, pero si hoy he de tomar algunos apuntes es porque los estudiantes del Conservatorio me han pedido que lo haga. Me han dicho: ”Tú conoces a Marcel Mule, pero nosotros no”. Mi intención es transmitir legado. Usted ha hablado conmigo a menudo acerca de las circunstancias que lo llevaron a usted a usar el vibrato en el saxofón. ¿Podría recordarlas ahora en orden cronológico?

Marcel Mule: Todo empieza con el jazz porque a principios de los años veinte, cuando llegué a París, escuché orquestas de jazz. Me sorprendió e incluso escandalizó encontrar saxofonistas más bien extraños, goat sounds, una especie de vibración. Recuerdo un tall devil que estaba en el Folies Bergères y el cual no parecía conocer las notas, que sopló en un saxo de soprano, y fue monstruoso. Estaba bastante escandalizado.

Por el contrario, tuve que meterme en el mundo del jazz porque era una sólida fuente de ingresos. Como en aquella época yo era soldado, Trajo algo de salud a mis circunstancias financieras normales. Por tanto, poco a poco acabé perteneciendo a orquestas de jazz para hacer sustituciones. En aquel momento, hacía cualquier cosa.

Pero nunca he abandonado la profundidad de mi sonido adquirido que me enseñó mi padre, que era un gran saxofonista de los de la vieja escuela. Era muy artístico, un gran músico y tocaba el instrumento muy bien, así que me había beneficiado de los primeros principios que él me había transmitido.

Entre los 13 y los 20 años sólo practiqué de forma amateur porque mi padre quería que yo fuera profesor de la escuela. Trabajé como profesor durante 7 meses, tras lo cual fui a Paría para empezar el servicio militar. Entonces fui capaz de elegir un regimiento que incluía música militar. Mientras era parte de la unidad musical, conseguí conocer alumnos del conservatorio, donde, evidentemente, no se enseñaba saxofón (1923). Había entre ellos muy buenos músicos y empecé a tocar con orquestas. Me conllevó trabajo porque uno tenía que estar completamente disponible. Sólo tenía pequeñas partes [de canciones], en algunos sitios, pero había adquirido un sonido para orquestas de jazz con la experiencia.

Poco a poco, fui teniendo éxito al encontrar el vibrato correcto en jazz. Fui considerado como un buen instrumentista de jazz. Los estribillos (solos) eran lo suficientemente limitados. Hice algunos, pero yo no era el maestro de los solos. Eso no me atraía especialmente.

Por el contrario, conseguí un notable éxito con la sonoridad que había adquirido y tras dos o tres años yo ya era parte del Orquesta de la Guardia Republicana. Pertenecí a la orquesta del Ritz dirigida por un hombre de raza negra. Me aceptó rápidamente y me consideró como un integrante muy notable. Me cuidó mucho. A él le gustaba lo que yo hacía y yo conseguí mejorar aquel sonido. En aquella época tocaba trabajos melódicos algo del American Irving Berlín, algunos Bostons y lentos a los que llamamos blues (Boston: un tipo lento de vals también, también conocido como vals de Boston, de moda en los bailes de salón alrededor de 1910). Comparado con el vals normal, tiene una cierta complejidad en el ritmo y en el acompañamiento que más tarde se uniría al jazz. Del diccionario para todo el mundo de música de Eric Blom). Había bastantes oportunidades para demostrar sonoridades y yo fui conocido en aquel lugar

Seguí tocando en el Garde sin ninguna ondulación en el sonido.

Claude Delangle: ¿Eso se habría permitido?

Marcel Mule: Sí, quizás, pero no lo intenté. La verdad es que nunca llegué a tener la oportunidad. Entré en el Garde en 1923 y me convertí en un solista casi inmediatamente al reemplazar a Françoise combelle, que era el padre de Alix Combelle. Fui invitado a su casa y fue él el que me recomendó que solicitara mi entrada al Garde. Hice la audición y fue una sorpresa que triunfara, dado que era un completo desconocido. Se me consideró entonces como un interesante solista; incluso me atrevería a decir, remarcable. Se dijo que tocaba perfectamente, y todas mis participaciones fueron alabadas. Pasaron los años pero en el Garde no cambié nada.

Toqué junto a la Opera-Comique. En esa época, solo existía Werther (una ópera de Massenet que implicaba saxofón) al menos una vez al mes, quizá más. También toqué con otras orquestas —Colonne, Pasdeloup, Lamoureux y la Societé des Concerts— casi en todos sitios. Fui el saxofonista oficial fuera del jazz mientras tocaba de forma diferente. Era algo más, sin vibrato.

En 1928, en la Opera-Comique, un buen músico —un pianista que me conocía como saxofonista de jazz— escribió un ballet. Escribió “fox trots”, un blues y otros bailes de moda de la época y cuyos nombres no recuerdo. En el blues, había escrito un solo muy expresivo para saxofón. Inmediatamente me formé una opinión sobre ello. Le conocía pero, no obstante, no tuvimos la oportunidad de hablar sobre ello. Durante el ensayo toqué de forma normal como si tocara Werther, no de otra forma. Luego me dijo: “Esto está escrito de forma muy expresiva, lo que implica vibrato”

Le dije:”pero aquí no estamos acostumbrados a tocar así. Esto es una orquesta sinfónica no una orquesta de jazz”.

-“No importa, simplemente toca como sueles hacerlo en el jazz”

-“Muy bien, pero es tu responsabilidad” y pensé que acabaría por convertirse en un escándalo.

Mientras tocaba aquella frase moderadamente y a él le gusto. Los músicos se quedaron impresionados, recibí grandes alabanzas. Algunos creyeron que estaba tocando otra persona. ¡No era la misma persona la que tocaba! Aunque me temía un escándalo, se convirtió en un éxito y la gente del Garde que estaba detrás de mi me dijo: “Deberías tocar así en el Garde”, pero les dije que era imposible pues no era el mismo tipo de música.

Pero eso me hizo pensar y moderándolo un poco, poco a poco, comencé a utilizar el vibrato en todos sitios. Toque el Bolero de Ravel así.

Claude Delangle: Y en el “Vieux Chateau”

Marcel Mule: No, el “Vieux Chateau” lo toqué con varios directores sin vibrato; y sólo al final lo usé. Poco a poco, entonces, comencé a usarlo en el Garde y fue excitante. Cambié por completo mi forma de tocar desde el punto de vista de la expresividad; pensé que era expresivo pero no estaba convencido porque tienes que tener en mente que a la vez había flautista como Moyse y otros que tocaban en el estilo tradicional.

Claude Delangle: ¿Los trompetistas usaban el vibrato?

Marcel Mule: En la opera Defame y Violet también lo usaron

Claude Delangle: ¿A ellos no les influyó el jazz?

MM: Para nada, fue la necesidad de expresarse. Había oboes que usaban el vibrato. Había uno en el Garde, cuyo sonido era completamente ondulado, era muy bello, otro en la Orquesta de Lamoreux, pero la verdad es que la mayoría de oboes tocaban con un sonido claro, dándolo todo, me atrevería a decir, en su interpretación y en el punto de vista de la emoción. Estuvieron cerca de las cuerdas.

En lo que a mí me concernía, aún quedaba mucho trabajo por hacer, pero me las apañe para conseguirlo. Fui considerado uno de los grandes solistas de París; cada vez que tocaba era genial, era curioso. Esta transformación ocurrió como un cambio total, creo que fue una evolución formidable y lo que es curioso es que este ballet, una suite de danza en la Opera Comique, se llamó Evolución.

Durante años he analizado aquello y he recibido una enorme cantidad de cartas, de músicos, que querían tocar como yo y me sentí en la obligación de explicarlo.

Claude Delangle: ¿Y cómo lo explicó?

Marcel Mule: Descubrí que lo que hacía se correspondía con una determinada velocidad, la cual “codifiqué” para hablar. Les sugerí que trabajaran en notas sostenidas, evidentemente, y que aplicaran eso a las frases musicales, notablemente en estudios de Ferling que había sido un instrumento de expresión maravilloso y que debía permanecer como tal, ya que son fórmulas relativamente simples pero se pueden preparar para cualquier tipo de frase musical. Me di cuenta de aquello cuando al enseñarlo, también lo aprendí. He aprendido mucho con los alumnos.

He impuesto eso con autoridad, estando convencido de que lo que yo hacía era imponer a los estudiantes, que ansiaban ser convencidos, mientras ellos estaban de acuerdo conmigo. En el Garde, también, había unos pocos a los que no les convenció lo que yo impuse pero la mayoría de ellos lo aprobó. Fui considerado como el mejor solista de París simplemente por ello. El saxofón fue la causa de ello. Impuse algo que seguiría imponiendo si aún enseñara: que la velocidad correcta es de alrededor de 300 ondulaciones por minuto. Teniendo en cuenta que el vibrato se compone de una nota alta y una nota más plana, se necesita ralentizar un poco, no demasiado, a una determinada velocidad. Enseñé a tocar una nota sin vibrato, luego con una nota más baja con la misma digitación y la misma embocadura. Luego sugerí que la aceleración y la ondulación ocurrieran a 300 ondulaciones por minuto, así es como empieza el trabajo, sin ser prisionero de las cuentas. Ajustar el metrónomo a 75 te da 4 vibraciones por pulso. Si uno lo ajusta a 100 le da tres vibraciones, si lo ajusta a 150 son dos vibraciones; si lo ajusta a 60 es un poco más difícil, eso le daría 5 vibraciones, pero se puede alcanzar este resultado bastante bien. Les recomendé trabajar de aquella forma y aplicarlo a las líneas melódicas y que siempre controlaran la velocidad para que no fuese excesiva y, obviamente, para que no consigamos el “oua oua” que uno escucha a veces con algunos instrumentistas y con algunos cantantes especialmente en voces bajas.

He conocido instrumentistas y un flautista en particular que tocaba de maravilla en una forma muy flexible y está muy sorprendido de que usara el vibrato con un metrónomo. Es verdad, porque con un metrónomo eso parece una aberración. Impuse una velocidad y me encontré a mi mismo enfrentándome a situaciones peculiares en el conservatorio: Un estudiante que no tocaba nada mal, pero creo ajustaba un vibrato muy apretado y difícilmente yo conseguía que el tocara a ritmo lento, cuando lo logró fue magnífico, y cuando ocurría siempre les preguntaba al resto de alumnos: “es bueno, ¿por qué?”

Era mi punto de vista, y de hecho, no lo he cambiado dado que mi experiencia ha acabado por demostrar que tenía éxito. Desde entonces el instrumento fue reconocido por todos.

Entonces, ¿porqué soy yo el que impuso todo aquello?

Ser un solista del Garde, cuando un solista era requerido en una orquesta, yo siempre era elegido y yo impuse aquello. Tuve el mérito de analizar aquel hecho. He conocido y aun conozco mucha gente cuyo sonido es notable pero que no sabían cómo lo producían, eran incapaces de saber lo que estaban haciendo. Ellos no lo pensaban. Por el contrario, leí hace años en el método de mi nieta violinista Nathalie, que el vibrato está codificado. En cuanto a la velocidad, varía un poco pero no mucho.

La historia de cómo un instrumento ha logrado el éxito se encuentra en su elocuencia, en el hecho de que el instrumento sea una voz.

La primera vez que toqué el Concertino de Ibert fue en la radio, con el director de orquesta, René Baton. Me dijo: “es curioso, suena como una voz de soprano”. La escuchó como tal y me agradó porque eso era lo que yo pretendía. He tenido suerte de controlarlo y de no equivocarme.

Claude Delangle: En general se le dio el visto bueno.

Marcel Mule: ¿El visto bueno? Fue un éxito increíble. Entre los compositores: Darius Milhaud (He tocado mucho con él) Jacques Ibert usó el LARGHETTO un día al principio de una secuencia de cine. Había que ser muy cautelosos, pues él quería un color concreto y una ondulación concreta.

Interpreté varias veces esto y sentía que él buscaba un timbre determinado. Al final, acabamos por conseguirlo. Fue magnífico, y él me dijo: “Me conmueve mucho”. Siempre lo recordaré. Así era cómo él concebía el instrumento.

En el “Chevalier Errant”, dio una parte muy importante al instrumento con una frase musical muy expresiva, además de dos cadenzas muy elocuentes. La primera vez que tocamos aquello en la Opera, tras el anuncio del compositor, un amigo añadió: “y los solos han sido compuestos por Marcel Mule!”. Eso le da una idea de lo importante que fue.

Esa misma noche, el por aquel entonces solista de violín, Henri Merckel vino a felicitarme. Eso demuestra la aprobación con la que conté. Otros músicos tales como el oboísta, miembro de la orquesta nacional, me dijo: “¿Así que nos vas a dar una clase hoy?” Eso demuestra lo impactante que fue el instrumento! Esta reputación superó los límites, fue inevitable. He tocado en Suiza, en Alemania justo antes de la guerra, en Inglaterra, en Holanda…

Me gustaría volver a la historia de Jaques Ibert con Seagurd Racherd. Alguien escribió en la revista del ASSAFRA haciendo creer que yo tenía celos de Seagurd Rachwerd. Cómo si yo fuera a tener celos de él. No me permití a mi mismo decirles que estaban equivocados. De hecho, me preguntó eso recientemente. Había estado en un jurado con él en Ginebra en 1970 donde tuvimos un pequeño malentendido, pero no tengo celos de él y él no tiene celos de mí.

Sorprendió a Ibert con sus notas agudas. Lo conocí en 1932 en una audición en la Russian Society. Tocamos el cuarteto de Glazunov y se presentó a sí mismo como catedrático en Copenhague: “Tocaba el saxofón en 4 octavas”. Tuve la oportunidad de escucharlo más tarde y lo comprendí… Jaques Ibert estaba sorprendido.

Jaques Ibert estaba sorprendido por las altas notas agudas pero cambió de opinión sobre ello. Vino a decirme un día que había escrito un concierto. Había escuchado el primer movimiento Larghetto y dije. Me dijo: “llegas muy alto, no es mi especialidad en este momento”. Toqué el Larghetto así y declaré en Ginebra que Jaques Ibert lo prefería de ese modo.

Claude Delangle: “¿Cómo aprendiste a tocar el saxofón?”

Marcel Mule: No aprendí solo, tuve bastantes influencias. Aprendí a tocar el saxofón con mi padre, él me dio una serie de lecciones muy útiles. Tenía un cierto sentido artístico: me hacía cantar con el instrumento, pero cantar sin expresión. Era una expresión contenida, uno la tenía en sí mismo pero el resto de gente no la oía, es lo que marcaba la diferencia, mientras que, con el vibrato todo el mundo lo disfruta, solo que tiene que ser manejado con elegancia y en ciertas dosis. Hay que saber cómo hacerlo.

Claude Delangle: “¿Qué tipo de enseñanza te dio tu padre?

Marcel Mule: Socializaba con músicos de la banda militar, eso es todo. Los profesores de los alrededores ayudaron al principio y luego lo hizo él todo.

Claude Delangle:: ¿Te enseño otra gente a tocar el saxofón?

Marcel Mule: No, pero desde los nueve años, tocaba el violín y mi profesor provincial me dio una buena base. Cuando vine a París, tuve la suerte de trabajar con un gran violinista que me enseñó mucho sobre la interpretación.

Claude Delangle : Y usted ha transferido su técnica al saxofón

Marcel Mule: Tuve la tentación de hacerlo con el saxofón obviamente. Tocaba el violín cálidamente, pero con el saxofón se decía que eso no funcionaba. Por el contrario cuando escuché al oboe del que te hablaba antes, me quedé maravillado con el sonido que producía.

Claude Delangle: El saxofón se tocaba sin vibrato, ¿Pero los oboes y los flautistas usaban vibrato?

MM: Sólo dos o tres oboes usaban vibrato, antes de Moise, Philippe Gaubert, un gran flautista, tenía un sonido muy cálido pero no usaba el vibrato. He conocido muchos flautistas así que tocaban notablemente. Labaillote en la ópera tenía un sonido agradable pero no contenían la misma emoción de otros que se escuchaban allá por 1925. Por ejemplo: Cortet, Crunell y otros como Dufresne en la Orquesta Nacional. Había instrumentistas muy expresivos y otros que lo intentaban. Especialmente un corno inglés que me daba dolor de estómago.

Claude Delangle: Un método para el saxofón aboga por vibrato knee.

Marcel Mule: Fue Viart, uno de mis competidores por la época. El era un saxofonista ocasional. Tocaba con una Knee, cuando tocaba el soprano era muy complicado; porque él se quedaba en el alto. Pero tenía una considerable reputación. Un día tocó la Rapsodia de Debussy. No tuvo éxito. Había negado aquello por mucho tiempo…

Solía venir a los conciertos de STRARAM. Era una asociación fundada por un director de coro de ópera cuyo nombre era Straram. Ofreció él mismo una orquesta debido a su matrimonio con una mujer muy rica. Eso le permitió salir de la oscuridad como director de orquesta. Reclutó a los mejores intérpretes de París para reagruparlos en su orquesta. También es lo que Munch hizo más tarde.

Viart estaba allí, pero su actividad como solista no había tenido éxito. Tomé el mando pero abandoné poco después. Trabajé en muchas películas de la época y mi cuarteto tuvo muchos conciertos. Tocaba en todos sitios.

Claude Delangle: ¿Cual de sus actividades parece hoy la más importante?

Marcel Mule: Es enseñar en el conservatorio lo que le ha dado muchas oportunidades al instrumento. ¡Bichon me dijo que hay 150 profesores de saxofón en Francia hoy en día!

Claude Delangle: Cuéntenos acerca del cuarteto.

Marcel Mule: El cuarteto fue creado en 1929 por iniciativa de George Chauvex cuya ayuda ha sido de incalculable valor para la fundación y durante la vida de este grupo. Era el secretario y logró cumplir con éxito una tarea inmensa (incluyendo la copia de las transcripciones). El se había tomado esta aventura muy en serio. Tocaba barítono. Al principio cuando hablábamos de ello decía: tendremos la oportunidad de tocar juntos, y cuando el vio el éxito que tuvo, que se había convertido en algo serio, trabajó a muerte.

El cuarteto sufrió algunas transformaciones. No nos gustaba mucho uno de los integrantes del Garde, era insuficiente. Lo despedimos. Se produjo una fractura.

Dos nuevos integrantes se nos unieron: el primero, que se llamaba Lhomne, era del Garde. El otro era Paul Romby. Romby comenzó en el Garde en 1934, pero realmente no encajaba. Tenía un trabajo más bien extraño. Trabajó muy bien en el cuarteto. Estábamos limitados en el tour porque pertenecíamos al Garde. En 1936, cuando, por diversas razones abandoné el Garde, Romby me acompañó, Chauvet abandonó porque ya había alcanzado la edad de jubilación y reemplazamos a Lhomme por Charron. Nos llamábamos a nosotros mismos Quatuor de Saxofones de París.

Antes de Gourdet estaban Bauchy y Josse. Luego tuvieron lugar muchos cambios. Gourdet vino, presentó casi todos los conciertos, era un notable conferenciante y nos cambiamos el nombre y se nos conoció por “Quatuor Marcel Mule”.

El cuarteto ha rendido un gran servicio al saxofón. Cuando nos atrevimos a tocar un cuarteto de Mozart, por ejemplo el cuarteto de las disonancias, fue como una locura pero teníamos muy poco en nuestro. Y se nos juzgó por ello! Después, ampliamos algo más de repertorio pero teníamos más éxito tocando a Mozart.

Tocamos en todos los rincones de Italia. Obviamente no teníamos repertorio, solo el Glazunov, pero no era divertido. Pero nos las apañamos. Adquirimos unas pocas piezas de Pierné, Absil, Jean Rivier, Pierre Vellones y otros: Había un repertorio limitado. En aquella época, aún había compositores, músicos realmente buenos y escribían realmente bien. Podíamos interpretarlos y eran aceptados por el público. En cuanto a ahora…

Claude Delangle: Yo tengo una grabación de “Bolero” dirigido por Ravel, ¿estaba allí?

Marcel Mule: He tocado con Ravel en concierto pero no recuerdo haber tocado con él en ninguna grabación. He tocado hearing of bolero at the opera para los ballets de Ida Rubinstein bajo la dirección de Straram pero creo que fue en 1929.

Claude Delangle: ¿Le gustaba a Ravel el saxofón especialmente?

Marcel Mule: Mucho. Pero no fuimos capaces de contactar con él, él no dijo nada, era un hombre reservado pero nos tenía un cierto aprecio.

Claude Delangle: ¿Escuchó vuestro Cuarteto?

Marcel Mule: Sí, yo había planeado alguna de sus canciones, alguna de sus melodías para captar su atención. Él las había escuchado y decidió escribir algo pero cayó enfermo. Nadie había tenido contacto con él. Subió a la cima pero no le agradó.

Claude Delangle: Él era muy exigente con respecto al tempi. Fue a ver a Toscanini en su camerino para decirle: “Señor, su tempo está completamente mal”

Marcel Mule: Oh, sí. Toscanini rara vez erraba pero ahí estaba equivocado. Él había querido interpretar aquello. Uso accelerandos. No era lo que se requería.

El ballet presentó a una bailarina que hizo actuaciones de Evolucion en el escenario. A cada nueva intervención de un instrumento, un nuevo bailarín entraba y acababa con una enorme multitud en el escenario de la Opera. Era impresionante.

Claude Delangle: ¿Tocó con él en su versión de “Pictures at an Exhibition”?

Marcel Mule: No, interpreté eso alrededor de 1925 con un director de orquesta llamado Emile Cooper, luego con Monteux, el cual lo interpretaba, para mi gusto, algo rápido.

Claude Delangle: Si está de acuerdo, hablemos sobre el material con el que usted tocaba. En los años 25-30, ¿cuáles eran sus boquillas?

Marcel Mule: Las antiguas boquillas, con un gran BORE y resistente Reeds con algo abiertos Lays. Había boquillas con pequeños BORES, boquillas de metal.

Claude Delangle: ¿Eran esas boquillas de ebonite o de madera?

Marcel Mule: De madera, luego llevamos las boquillas de ebonite a Selmer’s, crearon la boquilla de metal con la que toqué durante mucho tiempo. Tocaba el instrumento Selmer en 1923. Después, toqué el Couesnon alrededor de 1928. El TESTER de Couesnon cayó enfermo, era Mayeur, un clarinetista que tocaba el saxofón para los ballets de la Opera. Yo estaba entonces comprometido con Couesnon para reemplazarlo y, mientras el instrumento no estaba en buenas condiciones, seguí tocando el Selmer durante un tiempo, pero el director me pidió que diseñara un modelo que pudiera tocar. El programa entero de manufactura fue repensado pero no fue fácil porque uno siempre se encuentra obstáculos cuando se están produciendo innovaciones en una compañía.

Se vendió bien. El jefe de producción era un poco saxofonista y algo de clarinetista. No fue fácil llevar pruebas a cabo. Tras un año, nos las apañamos para ofrecer un alto que tuvo éxito y que toqué durante 18 años, hasta 1948. Tras lo cual, me mudé a Selmer’s.

Claude Delangle: ¿Por qué razón dejaste Couesnon?

Marcel Mule: No estaba realmente satisfecho con lo que hacía Couesnon cuando recibí ofertas más interesantes del Selmer, había perspectivas, me dirigí hacia una mejor situación laboral.

Claude Delangle: ¿Qué tal le fue en Selmer?

Marcel Mule: Esto también fue trabajoso. Tuvimos que enfrentarnos con un director de fábrica en Mantes, Lefevre (su hijo se hizo cargo). A este Sr. Lefevre, muy competente, no le gustaba las transformaciones y era necesario progresar y mantener la producción. Nos las arreglamos para transformar las cosas poco a poco.

La compañía Selmer se ha desarrollado considerablemente. Es un negocio muy bien dirigido. Seguro que ha habido progreso pero no siempre como yo quería. Nouaux, después dirigió algunas mejoras. Es un trabajo en el cual uno siempre tiene que seguir mejorando.

Claude Delangle: Y en el conservatorio, ¿le dieron los estudiantes problemas?

Marcel Mule: No tuve ningún problema. No recuerdo a nadie que no practicara. Atribuí una enorme importancia al sonido.

Es verdad para todos los instrumentos, para todas las voces. Estas 300 ondulaciones por minuto, las controlo cada vez que oigo una buena voz. Muchas mujeres cantan estupendamente, más que los hombres. Hay voces femeninas extraordinarias.

Coge a dos músicos: uno tiene el sonido como yo lo concibo y el otro tiene las faltas de las que yo siempre hablo; les haces actuar frente a alguien y haces que esa persona elija.

Apuesto a que el primero será el elegido, es humano. Es una satisfacción natural del oído.

Como dije en Gap durante un intercambio de pareceres con Londeix: Considero que un “divertimento auditivo” debe ser más importante que un divertimento visual. Cuando alguien se enfrenta a una escena maravillosa o a una preciosa pintura, entra en shock. Sin embargo, no me da la misma satisfacción física que una dada por una voz o un instrumento cuyo sonido sea conmovedor.

Para los flautistas, es lo mismo, uno oye algunos remarcables. Había estupendas trompas en Francia pero se decidió que el vibrato era parte de un romanticismo anticuado. Yo he oído esto en la radio. Algunos sonidos de las trompas persisten en mis oídos, por ejemplo el de Thevet. Originalmente estaba Devemy que producía emoción en la trompa y ha enseñado a muchos estudiantes.

Claude Delangle: es verdad, hoy en día ninguna trompa hace vibrato. Oboes, flautistas y fagotistas hacen vibrato, los clarinetistas poco o casi nada, las trompas nada. Para usted, esto es moda, costumbre, gusto?

Marcel Mule: Está principalmente ligado a la enseñanza. Recuerdo que en mi clase todos tenían más o menos el mismo sonido.

Claude Delangle: ¿Les dio muchos ejemplos?

Marcel Mule: Si, por supuesto y les enseñé muchas veces como tocaba yo antes. Esto les hacía reír y tenían razón.

Claude Delangle: ¿Les dio ejemplos largos?

Marcel Mule: No, estaba principalmente en los detalles.

Claude Delangle: ¿Encontró grandes errores técnicos básicos en muchos estudiantes?

Marcel Mule: No, no encontré problemas con los estudiantes que habían sido enseñados por mis antiguos estudiantes que habían llegado a ser profesores. Tenía suerte de tener un asistente. Había tenido la ayuda de tu viejo profesor Mr. Bichon que era notable, tú has sido uno de sus primeros estudiantes. El trabajó mucho en la región de Rhone-Alps, estaba muy dedicado a sus estudiantes.

Claude Delangle: ¿Que personalidades han influido en su carrera?

Marcel Mule: Toscanini, era un personaje. Nunca toqué con él pero le vi dirigir. Era muy especial. Con rigor el obtenía el máximo. Había una limpieza, una claridad en sus actuaciones que otros no podían obtener y uno se pregunta por qué. Es un misterio. Tenía una voluntad muy fuerte. Muchos decían de él: “con él, uno no toca como toca con otros”. Era muy exigente. Tuvo una enorme influencia.

Claude Delangle: En 1989, cuando investigamos su enseñanza en el conservatorio, nos dimos cuenta de que Claude Delvincourt fue un personaje importante en la vida musical francesa.

Marcel Mule: Mucho, principalmente para nosotros porque es gracias a él por lo que tenemos clase de saxofón. Era el director del conservatorio de Versalles y yo estuve todos los años en el tribunal de la clase de saxo durante la tenencia de Marcel Josse y solía decir: ¿Cuándo se establecerá una clase de saxo en París? Rabaud era director en París por aquel tiempo; a él le gustaba mucho lo que hacíamos con el saxofón y era propenso a decir: “si tuviéramos fondos crearíamos una clase inmediatamente”. Pero era incapaz de hacerlo.

Cuando Delvincourt llegó a ser director, le pedí una reunión dos meses después de asumir el cargo (1941) y me dijo inmediatamente “Sé porqué estas aquí, no te preocupes. Es lo primero que haré”. Y mantuvo su palabra, estableció la clase de saxofón, al igual que otras clases, como por ejemplo la de percusión.

El fue bien recordado en las esferas políticas; fue durante la guerra y fue capaz de beneficiarse de la ayuda de Cortot que era el ministro de las artes en el Gobierno de Petain-por lo cual fue criticado- pero el hizo mucho bueno gracias a su personalidad; el impuso muchos de sus puntos de vista como músico.

Fui a verle; yo había tocado con él notablemente la Rapsodia de Delannoy con Jacques Fournier en el chelo. Se lo tomó muy en serio y trabajamos muy seriamente, fue muy interesante. El dirigía de tarde en tarde, la Orquesta Sinfónica de París y le conocí muy bien.

Me recomendaron que fuera a verle para hablar sobre la clase de saxofón. No me habría sorprendido si el ayudara a su creación. Y así fue para la clase de percusión; Passerone, el profesor de percusión lo vio. La presencia de Cortot no era despreciable pero fue Delvincourt quien presentó su proyecto de creación.

Claude Delangle: ¿Claude Delvincourt era muy emprendedor?

Marcel Mule: Se decía que tenía una gran idea por día! Y puede que sea verdad pero no había nadie que pusiera en orden estas ideas. Nadie le ayudó y debería haberlo hecho. Fue un hombre notable, muy agradable.

Esta entrevista apareció por primera vez en noviembre de 1994 gracias a la Asociación Internacional para el desarrollo del Saxofón y fue traducida por Huguette Brassine. Agradecemos a Mr. Brassine que esta entrevista esté disponible en inglés

Entrevista: Claude Delangle (sax-delangle.com)

Traducción: Marcos Payo Humet

Imprimir

Entrevista ASTOR PIAZZOLLA.

Astor Piazzolla: Un tango triste, actual, consciente
En su ultima visita a Chile, en julio de 1989, cuando actuo en un concierto memorable en el Teatro Oriente, Piazzolla ofrecio esta entrevista que presentamos aqui. Es uno de los ultimos testimonios sobre su propia "poetica musical".

El tango ya no existe, decia. Existio hace muchos anos atras, hasta el 55, "cuando Buenos Aires era una ciudad en que se vestia el tango, se caminaba el tango, se respiraba un perfume de tango en el aire. Pero hoy no. Hoy se respira mas perfume de rock o de punk... El tango de ahora es solo una imitacion nostalgica y aburrida de aquella epoca". Salvo, claro, como el mismo aclaraba, el que componia, inagotablemente, Piazzolla: "Mi tango si es de hoy". Hacia ya tiempo que venia anunciando el fin de la musica portena, al menos de esa que cantaba Gardel. "El tango esta como Alfonsin: moribundo", bromeaba. El musico, en cambio, ese domingo de julio de 1989, estaba chispeante, alegre, recien despierto luego de una larga siesta que siguio a un almuerzo repleto de mariscos y de "ese vino excelente que tienen ustedes". Habia ido con parte de su conjunto al Mercado Central y todavia se lo escuchaba gozoso de la experiencia. Sus 69 anos estaban dentro de un pijama rojo, con dibujitos, y no queria que lo fotografiaran asi. Pero hablar, eso si queria Piazzolla.

Queria contar como se inicio en el arte de componer, como amaba la musica y como defendia la suya, como le ayudo Nadia Boulanger, su maestra en Paris, a descubrir que su estilo estaba alli, en el tango, y no en la musica europeizante que escribio hasta los 50. Como le daba "mucha bronca" que se lo conociera solo por la Balada para un loco : "Una vez una senora se me acerco y me dijo: 'Maestro Piazzolla, aparte de la Balada... , que mas escribio?', y yo tenia ganas de romperle la cabeza a esta senora..."


 

Como estaba lleno de encargos: un cuarteto de cuerdas, otro de guitarras, un quinteto de vientos, todos para interpretes norteamericanos. "Parezco un supermercado de la musica..."
Como su vida se podia resumir en un solo tango, un tango muy porteno y muy triste, "no porque yo sea triste", aclaraba. "Al contrario, soy un loco de la guerra, soy un loco lindo, me gusta divertirme, me gusta tomar vino, me gusta comer bien, me gusta la vida, asi que mi musica no tiene por que ser triste. Mi musica es triste porque el tango es triste. El tango tiene raices tristes, dramaticas, sensuales a veces, religiosas, tiene un poco de todo... Religiosas, por el bandoneon que fue inventado para acompanar la liturgia en Alemania. El tango es triste, es dramatico, pero no pesismista. Pesismistas eran las letras de antes, totalmente absurdas..."
Y como no le gustaba nada el publico espanol ("no me entienden, ni mi apellido saben pronunciar"), a diferencia del chileno, que, desde que vino por primera vez en 1972, comprendio su musica. Una musica, que, como el decia, "no es facil".
"Entonces, por que no estudia?"

Tampoco fue facil la lucha que dio por ella. Muy nino, cuando vivia en Nueva York, comenzo a tocar el bandoneon, con el que pudo -apenas con 13 anos- acompanar al mismisimo Carlitos Gardel. Tambien trabajo como extra en El dia que me quieras, protagonizada por el "Zorzal criollo". Recien a los 17 volvio con su familia a Mar del Plata y luego de unos frustrados intentos de estudios de contaduria, decidio dedicarse por entero a la musica. Estaba profundamente enamorado de ella y sabia que su decision era para siempre. "La musica", decia, "es mas que una mujer, porque de la mujer te podes divorciar, pero de la musica, no. Una vez que te casas, es tu amor eterno, para toda la vida, y te vas a la tumba con la ella encima".

En ese tiempo trabajaba tocando su bandoneon "en cuanto cabaret habia en Buenos Aires" y tambien comenzaba a componer. Osado, se presento en la casa que el pianista Arthur Rubinstein tenia en la capital argentina, con una pieza bajo el brazo. "Era una obra tan espantosa", recordaba entre risas, "que yo decia que habia compuesto un 'concierto para piano', pero no le habia hecho la parte de orquesta..." De todas formas, obligo a Rubinstein a leerlo, "y a medida que lo iba tocando, me fui dando cuenta del disparate que habia hecho. El tocaba un poco y me miraba, y de repente me dice: 'Le gusta la musica?'. 'Mucho maestro', le contesto yo. 'Entonces, por que no estudia?'".

El mismo pianista polaco llamo por telefono a su amigo, el compositor Alberto Ginastera, y le dijo que tenia a un joven ansioso de aprender. A las ocho de la manana del dia siguiente, Ginastera, que en ese tiempo estaba comenzando a presentar las obras que lo harian mundialmente famoso, tenia a su primer alumno frente al piano; y Piazzolla, a su primer profesor de composicion.

"Era como ir a la casa de la novia", se sonreia nostalgico Astor. "El me enseno el misterio de la orquesta, me mostro sus partituras, me hizo conocer y a analizar a Stravinsky. Ahi me meti en el mundo de 'La Consagracion de la Primavera', me la aprendi completa de memoria..." Seis anos duraron las clases. Piazzolla se lanzo a componer como un loco:

-Yo mismo me transforme en un 'autogenio'. Tenia un bajon con el tango, lo habia abandonado por completo y en cambio, era compositor de sinfonias, de oberturas, de conciertos para piano, musica de camara, sonatas... Vomitaba un millon de notas por segundo.

-Y como era la musica de Piazzolla en ese...?

-Para!, que ahora viene la historia. Entonces yo escribia y escribia, durante diez anos, sin parar, hasta que el ano 53 Ginastera me llama y me dice que hay un concurso para compositores argentinos. Y yo le dije que no, porque se estaban presentando todos los 'grandes' de ese momento. Al final mande una pieza mia que se llamaba Sinfonietta. Cuando se estreno, los criticos me dieron el premio a la mejor obra del ano. Automaticamente, el gobierno de Francia me dio una beca para estudiar con Nadia Boulanger, en Paris.

Casi nada fue igual para Astor Piazzolla a partir de ese momento. Porque tuvo que irse a Europa para que una francesa le dijiera quien era el, para que le ensenara a rescatar lo que habia de propio en su creacion:

-Cuando fui con todos mis kilos de sonatas y sinfonias bajo el brazo y se los di, le dije: "Maestra, este es mi premio, lo recibi yo, en fin, aqui estan mis obras..." Ella leia las partituras que era un monstruo, asi que empezamos a analizar mi musica y salio con una frase que me parecio horrenda: "Esta muy bien escrita". Y paro, con un punto redondo asi como una pelota. Despues de mucho rato, me dijo: "Aca usted se parece a Stravinsky, se parece a Bartok, se parece a Ravel, pero sabe lo que pasa? Yo no encuentro a Piazzolla aca". Y entro a investigar mi vida particular, que hacia, que tocaba, que no tocaba, donde vivia, si era casado, si estaba juntado, parecia del FBI! Y yo tenia mucha verguenza de contarle que era un musico de tango, absoluta verguenza tenia. Al final le dije: "Yo toco en un nightclub ". No quise decir cabaret. Y ella: "Nightclub, mais oui, pero eso es un cabaret". "Si", respondi y pensaba: "A esta vieja le voy a dar con un radio en la cabeza". Se las sabia todas!
Una fuga "tanguificada" Y siguio el interrogatorio:

-"Usted me dice que no es pianista, que instrumento toca, entonces?" -insistia ella-. Y yo no queria decirle que tocaba el bandoneon, porque pensaba "ahi esta me tira por la ventana del cuarto piso con bandoneon y todo". Finalmente se lo confese y me hizo que le tocara unos compases de un tango mio. De repente abre los ojos, me toma la mano y me dice: "Pedazo de idiota, esto es Piazzolla!". Y agarre toda la musica que habia compuesto, diez anos de mi vida, lo tire al diablo en dos segundos.

Nadia Boulanger lo hizo estudiar, durante 18 meses -"que me sirvieron como si hubieran sido 18 anos"-, solo contrapunto a cuatro partes. "Despues de esto", le decia, "usted va a escribir un cuarteto de cuerdas como se debe. Aca va a aprender, de verdad que si..."

"Ella me enseno a creer en Astor Piazzolla, en que mi musica no era tan mala como yo creia. Yo pensaba que era una basura porque tocaba tangos en un cabaret y resulta que yo tenia una cosa que se llama estilo. Senti una especie de liberacion del tanguero vergonzante que era yo. Me libere de golpe y dije: 'Bueno, tendre que seguir con esta musica, entonces'".
-En todo caso, usted ya habia optado por no abandonar el sistema tonal, como tantos compositores de su generacion...

-Si, eso si... -piensa y recuerda nuevamente a su maestra:- Nadia no gustaba de la musica contemporanea. Ella, por ejemplo, me conto un dia: "Un alumno me invito anoche a un estreno suyo... (se trataba del entonces muy joven Pierre Boulez) Que suerte que en la segunda parte tocaron Monteverdi!". Nada mas (se rie). Asi era ella: terminante. Yo le tenia terror, porque lo sabia todo. Ya estaba por irme a Buenos Aires y le mande a Nadia Boulanger uno de los discos que habia grabado. Ella me escribio una carta muy linda en la que me decia que ya habia escuchado mucha musica mia por la radio y que estaba orgullosa de que hubiera sido alumno suyo.

-Y usted, tiene alumnos de los que se sienta orgulloso, hay musicos que se puedan considerar sus discipulos, que sigan su linea?

-Yo digo: que cada uno se las arregle, no? Si escriben como yo, peor para ellos. Al que puede seguir este estilo de tango, este estilo de vida que yo hago con la musica, eso si. Pero mi principal estilo es haber estudiado. De no haberlo hecho, no estaria haciendo lo que hago, lo que hice. Porque todos creen que hacer un tango moderno es hacer ruidos, es hacer cosas raras y no, no es eso! Hay que profundizar un poco, ver que todo lo que yo hago esta muy elaborado. Si yo hago una fuga a la manera de Bach, siempre va a estar "tanguificada ".

-Son esas dos vertientes las que producen un fenomeno extrano en su musica: que se escucha en las radios, en los programas populares, y tambien en la sala de conciertos...

-Bueno, con Gershwin pasa lo mismo. Villa-Lobos ya se popularizo tanto... Incluso hoy escuchar Bartok no es una cosa rara.

-Si, pero Bela Bartok no se escucha en un programa popular...

-Pero fijate lo que pasa con Bartok. En un thriller norteamericano, cuando hay un momento de violencia, ponen siempre la Musica para cuerdas, percusion y celesta, o La Consagracion... de Stravinsky, o un Mahler. Ya la musica que era entonces contemporanea, porque cuando hablamos de Bartok, hablamos de los anos veinte, se esta usando.

-Y como se siente usted frente a la musica posterior a esa epoca? -Yo no siento a un musico contemporaneo como puedo sentir a Bartok, Ravel, Stravinsky o hasta Penderecki y Lutoslawski. Pero un Xenakis, no lo siento. Lo respeto, si, ojo, respeto a Xenakis, a Brown, a Boulez...

"La otra vez estabamos ensayando y digo: 'Si metemos tal cuerda, vamos a sonar como musica contemporanea' y salta Gerardo Gandini (el pianista y compositor argentino que trabajaba entonces con el) y dice: 'No te metas con la musica contemporanea!'. 'No, no es contra', le dije yo, 'simplemente que una cosa extrana ocurriria'. Y la musica contemporanea es una cosa extrana. Es como alguien que esta descubriendo una medicina para el SIDA o para el cancer. Esta ahi, pero todavia no esta ahi..."

-Esta en etapa de experimentacion, dice usted?

-Si, pero todavia no esta el remedio, no salio a la venta. Para mi la musica contemporanea esta ahi, pero todavia no esta en el mercado...

-A proposito de mercado, hay muchos compositores de musica contemporanea, como el mismo Gandini, que separan a la musica entre la comercial y la no-comercial. No le molesta que a la suya la pongan en la primera categoria?

-No, al contrario... (piensa). Es que yo no soy comercial desde el momento en que no vendo discos. Yo me ofenderia si me dijeran "musica ligera", sin peso. Mi musica es una musica de camara, popular, derivada del tango, en fin, hay mil vueltas que se le pueden dar... Pero yo me conformo con hacer lo que se me da la gana, que es muy importante. Si yo hubiera sido un compositor de musica contemporanea, yo creo que no habria podido ponerla a disposicion de lo que estoy haciendo en tango, porque no entraria. Yo puedo llegar hasta una polirritmia o hasta un bitonal o tritonal, que de hecho lo uso mucho en mi musica, pero mas de ahi no puedo, porque tengo que mantener siempre un ritmo, o un sentido ritmico, que tenga un swing debajo... Y arriba, lo adorno con musica.

-En la armonia esta entonces la "audacia"?

-En la armonia, en los ritmos, en los contratiempos, en el contrapunto de dos o tres instrumentos, que es hermoso, y buscar que no siempre sea tonal, buscar la atonalidad... y por eso nos vamos entendiendo con Gandini, si no, el no estaria tocando conmigo.

-Por eso tambien tuvo tantos problemas con su musica en Argentina, por introducir elementos "extranos" en el tango?

-Y si, pero cambian los Presidentes y no dicen nada... Cambian a los obispos, a los cardenales, los jugadores de futbol, cualquier cosa, pero el tango, no. El tango hay que dejarlo asi como es: antiguo, aburrido, igual, repetido.

-El cambio que usted le introdujo al tango no significo tambien europeizarlo? -No, yo creo que cuanto mas se pinta a la aldea, mas se pinta al mundo. Gracias a que mi musica es muy de Buenos Aires, muy portena, gracias a eso, yo estoy trabajando en todo el mundo, porque encuentran que es una cultura diferente, una cultura nueva, es como el folklore, aunque de esto se hace poco y nada. Siempre estan los eternos folkloristas en Argentina que no han avanzado demasiado, pero con el tango yo avance. Los demas que me vienen detras estan por el ano 50 todavia...

-No teme la critica que le hicieron a Heitor Villa-Lobos: haber europeizado la musica brasilena para asi agradar al publico europeo?

-No, eso es una tonteria. Yo creo que Villa-Lobos es ciento por ciento brasileno. Su musica de camara es excelente, es totalmente Brasil. Porque si algo bueno tienen los brasilenos es la musica popular, nosotros no tenemos la importancia que tienen ellos es ese campo. Lo de ellos es musica intuitiva, nosotros somos mas 'cultos', quizas...

-Mas racionales...

-Si... Si vas a Brasil, y un chico de nueve anos agarra una guitarra, nunca te va a hacer un acorde mayor perfecto. No, un chico brasileno te pone una cuerda de novena, de oncena, y agarra un ritmo que tiene un swing de locos... Nosotros no. Un argentino agarra con una zamba, una chacarera y le pone el sol menor, re mayor septima y adios. No pasa de ahi.

-Cuanto de europeo y cuanto de porteno hay en su tango, cuanto de Stravinsky o de Bartok y cuanto de Gardel, por decirlo asi...?

-Una vez un critico del New York Times dijo una verdad absoluta: Todo lo 'de arriba' que hace Piazzolla es musica; y por debajo, se siente el tango.

(c) 1989 Gonzalo Saavedra. www.piazolla.org
Imprimir

Entrevista DANIEL KIENTZY. 2001

DANIEL KIENTZY

1. El saxofón es un instrumento virtuoso, una maravilla inventada por Adolphe Sax hace ciento cincuenta años y establecida en el medio de la interpretación moderna por la raciometodología de Marcel Mule. ¿De qué manera se produce tu intervención en la Historia del Saxofón como una revolución técnica, si consideramos que tú eres el más importante teórico en el arte de tocar el saxofón?


- El saxofón fue inventado con el objeto de satisfacer un tipo de virtuosismo que corresponde al siglo XIX y que, por cierto, continua desafortunadamente hasta nuestros días, con algunas excepciones: hay nuevas concepciones, muy raras, que surgen a partir de la segunda mitad del siglo XX, principalmente en los instrumentos de viento. En lo que respecta al aporte de Marcel Mule, hay que precisarlo: esencialmente frena las posibilidades naturales del instrumento para convertirlo en “académico”, conforme a las maneras en que se que utilizaban los instrumentos de viento en su época: imitando al violín y viviendo con el complejo del instrumentista que no posee en su repertorio obras que guarden conformidad con el pensamiento musical burgués. En el momento en que esto comienza a desarrollarse, posterior a la Segunda Guerra Mundial, nace la revolución musical que cambia todo para los que viven realmente en su tiempo: la música concreta y sus prolongaciones diversas, lo que implica una comprensión absolutamente renovada de percibir y hacer percibir la materia sonora musical.


En cuanto al calificativo de “maravilla”, (si ésta existe) viene de la alianza de dos componentes que dan el más grande campo de libertad al instrumento de viento : una caña batiente simple y un tubo cónico. El resto es la pequeña mecánica que pasados 150 años de su invención continua funcionando bastante mal.


Mi trabajo consiste en buscar metódicamente todas las posibilidades para hacer funcionar los diferentes elementos generadores y coloreadores de sonidos, como son la caña y su boquilla… a las que a veces las remplazo con los labios que se transforman en cañas labiales puestos directamente sobre el tudel, otras veces el flujo de aire se transforma en caña eolia igualmente emitido sobre el tudel. Todo coordinado con diferentes posiciones de orificios abiertos y cerrados que pueden dar muchas conformaciones al tubo sonoro (cuerpo del instrumento). Después de un análisis del funcionamiento propio del instrumento: un útil a producir sonidos y nada más, entonces repertorio todas las maneras de combinar lo que era productor de sonidos o filtro natural por los medios bocales y digitales de los que dispone el tocador de instrumento de viento a orificios laterales, en mi trabajo: el (los) saxofon (es).


Este trabajo nació por una necesidad de encontrar más medios expresivos y sonoros para contar con mayores posibilidades de expresión y mayores sensaciones para la creación musical. Se trata de una revolución técnica y sobretodo, quizás, de una revolución estética: concebir una manera nueva de pensar el instrumento y la música misma.


2- Tú tocas toda la familia de saxofones. ¿Podrías hablarnos de estos personajes de tu teatro instrumental ?


- Considero que el saxofón es un instrumento con siete caras y con voces (todas ellas) extremadamente emparentadas. Para dominar realmente la técnica se debe escoger las cañas y las boquillas de la misma naturaleza para toda la familia, de esta forma se obtiene una sonoridad y un comportamiento homogéneo sobre los 7 miembros. Se debe tener en cuenta que mientras más largos sean los tubos, menos amplio será el campo de libertad pero más carnoso el sonido. Este fenómeno es válido para toda la familla y para cada uno de ellos por separado. En todo caso no se debe confundir el sopranino y el contrabajo, aunque no estoy interesado en dar a cada uno de ellos un tipo de rol particular, con la excepción del lugar que ocupan en la escala general.


Considerando que la mayor parte de los saxofones tienen una cierta dimensión y tomando en cuenta “la labor remarcada” de la luz de los proyectores, se puede llegar a pensar que estamos ante un pequeño teatro instrumental cuando yo los utilizo. Cuando los utilizo a todos… Sin embargo, una de mis preocupaciones técnicas fundamentales ha sido desde el inicio el sonido, sobre todo al pasar de un instrumento a otro. En una pieza escrita trabajo con cuidado estos cambios para realizarlos sin brusquedad; los gestos deben pasar inadvertidos. Por la misma razón, debo encontrar los medios apropiados para quitar y poner la boquilla o el tudel y para no pasar las páginas durante los silencios...


3- Como intérprete, tu especialización en el saxofón se realiza como una entrega total, una monomanía… Se cuenta que Boulez decía: “Si el intérprete fuera un genio sería un compositor”. Tomando esta alegoría todavia en proceso evolutivo, dentro o fuera del conservatorio, o pasando por la experimentación de técnicas (ejemplo: la multifon'a) elaborada para los intérpretes y un poco instituida por los compositores, me pregunto: ¿es la interpretación solamente la restitución de la energía autoritaria del compositor o va todavía mas lejos que eso? ¿Hay una zona de influencia del intérprete sobre la composición?


- Mi aporte al saxofón no tiene nada que ver con la monomanía: no amo el saxofón como objeto ni tampoco por lo que pueda representar lo imaginario que lo rodea. Utilizo el saxofón porque me ofrece los medios de producción sonora que necesito, más que ningún otro instrumento. En cuanto a la frase de Boulez, no creo que haya podido decir semejante estupidez. La composición y la interpretación son dos partes de la música.. En la concepción occidental, escuchar/compreder es la tercera parte.


Si la composición, por naturaleza, precede temporalmente la interpretación… la primera no es de ninguna manera superior a la segunda. ¿Quién puede estar sinceramente emocionado con la sola lectura de una partitura? ¿Quién puede morir de risa leyendo una obra de Moliere? Hay un arte de la interpretación que es tan importante como el arte de la composición. Poniendo por delante su racionalidad, el siglo XX “inteligente” ha sobrevalorado la composición en detrimento de la interpretación. Ha prevalecido lo matemáticamente indescifrable sobre lo sensible. Por tanto, la obra, ella misma, sobrepasa al que la ha firmado. Intepretar no es solamente producir sonido pero es ante todo comunicar/comulgar con el auditorio presente o virtual… Este acto no releva en nada de la composición. Un análisis puntillista de la obra no le es suficiente al intérprete, quien debe hacer suyo el contenido. Si la obra es maravillosamente interpretada, el público es transportado… Así la obra, que es un medio y no un fin, llega a su plenitud: su existencia real se produce en el momento efímero cuando es compartida con el auditorio.


En la música contemporánea nos hemos habituado a ejecuciones solfeicas como si fueran verdaderas interpretaciones... Lo de fondo: la voluntad del compositor puede organizar los elementos que él considere más apropiados o eficaces para llegar a producir ciertos estados. De ninguna manera la obra contiene la energía del compositor: si ella contiene alguna energía ésta le es propia y el compositor lo que ha hecho es incluir acciones que él sabe corresponden a sus deseos… Está claro que ninguna voluntad de composición transformará el fortísimo de un bombo en un momento de ternura, como tampoco los pizzicatis de violín en el agudo en un momento telúrico.


Puede haber una influencia del intérprete sobre el compositor, pero esto puede suceder incluso antes de que haga la composición. Si sucede después, esto unicamente focaliza detalles.


4- La partitura es un pensamiento formal y musical que carece de un ánimo de representación (o de modalidades o convenciones). La partitura transmite información al intérprete: categorías como notas, frases, contrapunto, timbre, ritmo… En la escritura contemporánea, ésta información es plurívoca… Como creador, ¿de qué forma te acercas al pensamiento implícito de la partitura?


- Las partituras del siglo XX han aumentado (a veces de una manera irreal) la cantidad de información que transmiten a los intérpretes. Se ha caído incluso en la voluntad de “notar” rítmicamente, con valores increíblemente irracionales, el rubato. La información interesante y abundante puede hacer creer, erróneamente, que todo lo que debemos hacer está ya escrito. Se trata de un señuelo. Si pensamos lo que pasa en un segundo de sonido en un instrumento de viento o de cuerdas frotadas, no hay lugar debajo de la nota para comenzar a describir los diez primeros milisegundos.
Otros tipos de “notación” (he debido inventar yo mismo algunas decenas) han aparecido para diferenciar los nuevos modos de tocar, pero aunque fuere una notación más precisa, tiene una relación muy incompleta con la descripción del fenómeno sonoro como en el solfeo tradicional.


Para describir mi relación con cada obra, podría decir que realizo una inmersión en la obra hasta sentir que tendrá un sentido solo si yo encuentro en mí mismo los elementos que le corresponden y que están en resonancia con ella. Aquellos que escuchen una obra deben tener la sensación de que lo que yo interpreto es mi propuesta, con mis propias “palabras-musicales”, como un actor… Esto resulta relativamente simple ya que yo toco la música de mi tiempo… Y por muy singulares o especiales que pudieran ser estas obras, son hechas por y para los hombres como yo. Además yo trabajo esas obras con los compositores, de modo que pueden precisar oralmente sus pensamientos.


5- En tu arte como solista se puede apreciar una manipulación de dispositivos electrónicos en la toma del sonido, en la expansión espacial de la eneafonía ... En definitiva, una fuerza escondida que nivela, contraría o imita el gesto del intérprete… ¿La instrumentalización electrónica que tú haces es una especie de conformismo técnico o es un una invención?


- No se trata ni de una invención ni de un conformismo, pero en el marco de la música electroacústica que amo practicar, yo he aportado un desarrollo nuevo, expresivo y estético: el empleo razonado y reproductible, las posibilidades de las coloraciones y de la espacialización, por una parte de mi sonido y sus transmutaciones; por otra, en el marco de la música de la cual ella hace intrínsecamente parte, la espacialización de lo puramente acusmático.


Este trabajo se desprende de la música de cámara, que trasciende por la potencia que dispone el intérprete que maneja el dispositivo electroacústico. Se trata de un grado elevado de relación musical. El que posee el dispositivo tiene entre sus manos una gran parte de lo que será escuchado finalmente como timbre del que ejecuta el instrumento natural. Está claro que un acuerdo del más alto nivel debe presidir el funcionamiento de este nuevo tipo de música de cámara que hemos inventado con Reina Portuondo… Solo que como nadie ha inventado la antigua música de cámara, esta afirmación es más bien ligera. Visto de otra manera, yo he puesto en marcha un sistema material para concretizar los deseos musicales trascendidos por la electroacústica y la espacialización, que han influenciado y desarrollado mi manera de pensar, los sonidos y el espacio. Confieso que tengo un poco de reticencia a pensar los sonidos sin este espacio. Por supuesto, debo hacer abstracción de esta dimensión cuando me acompaña una orquesta. La música de cámara en la cual me baso es la profesional y de concierto. En ningún caso la que se hace para divertirse en privado.


6- ¿Qué haces frente al equipamiento informático obsoleto, como por ejemplo tocar sobre sonidos fijos, sobre los efectos de duplicación, problemas de entonación, o la higiene y la esterilización de los sonidos grabados?


- Que puedan ser obsoletos en un momento determinado los dispositivos es un problema que yo no me he planteado verdaderamente. Viviendo musicalmente en el presente encuentro que los dispositivos profesionales de alto nivel tienen desde hace más de 10 años cualidades que no han evolucionado… Estos aparatos representan para mí, físicamente, lo mismo que mis saxofones. Su rol está fijado sobre una partitura y son siempre los mismos procesadores que yo utilizo en los conciertos donde tengo la responsabilidad total. Los sonidos fijos no son más esterilizados que los sonidos “no fijados”. Tocar con ellos supone una problemática diferente de la que se podía conocer hasta ahora, pero así como las otras problemáticas han encontrado sus soluciones musicales, yo he encontrado para éstas las suyas.


7- La manifestación del sonido dispensa de lo visual, la oralidad de la improvisación es un acto de independencia con respecto a la partitura. ¿Qué diferencia hay entre tu ejecución como improvisador y tu ejecución como intérprete ?


- Cuando soy intérprete soy yo y además soy otro, con mis propios medios. Se trata de mi personalidad artística, la de ser alguien: yo y otro. Cuando improviso soy casi yo mismo. El devenir de la música que se ejecuta es imprevisto, por lo que estando solo o con otros músicos mi estado sicológico es completamente diferente.


8- La música de masas (ethno, jazz, popular) se basa sobre un principio de identidad de notas, de escala, de medida y de estereotipo de expresión entre otros valores transmitidos por una tradición oral. El jazz es un gran arte musical de la cultura negra-americana. ¿Cuál es tu opinión sobre el jazz si consideras especialmente su importancia en el mundo del saxofón?


- Cuando pude escuchar esta música, no la escuché. Lo que me interesaba era la pop-música. Los jazzistas eran a mis ojos de adolescente, unos adultos con preocupaciones muy distantes a las mías. Yo no he tenido en realidad una relación con el jazz sino en una breve época, como profesional, con el jazz-rock, tocando guitarra bajo. Incluso como consumidor musical, yo he escuchado muy poco de esta rama “compleja” de la música popular. Si el jazz tiene una importancia muy fuerte en el mundo del saxofón en general, no la tiene para mí, ni en la forma en que se ha tocado el instrumento ni como género musical popular (siendo aquí lo opuesto a culto). Desde el punto de vista humano, lo que admiro en el jazz es que ha desarrollado una exigencia y una ambición nunca antes vistas ni alcanzadas en el marco de la música no culta (popular) occidental. Por otra parte, el jazz es una música occidental solamente coloreada de africanidad.


9- ¿Quieres citar algunos compositores, los que más hayan contribuido a la historia del saxofón?


- La historia del saxofón es muy reciente. El saxofón, a pesar de todo los esfuerzos de la escuela clásica, no tiene su lugar en el academicismo. En cuanto al período “hyper” contemporáneo, mi manera de ver la música no me brinda ningún posibilidad para responder la pregunta. Para ser más preciso, yo mismo no quiero escoger una obra entre las más de 300 obras que han sido escritas para mí, ni tampoco a los compositores que las han escrito, aun cuando yo pudiera tener afinidades de amistad musical y /o estética con algunos.


10- ¿Quieres hacer referencia a la intervención estética de otros colegas saxofonistas?


- Yo no escucho casi nunca a otros saxofonistas. Por una parte, porque no soy “saxofonolatre”; por otra, porque tengo poco tiempo para consagrarme a escuchar la música. Mi tiempo de escucha lo reservo para la música electroacústica y en particular acusmática; también para la producción de mis amigos compositores. Uno de mis preceptos como artista-intérprete explotando el saxofón, ha sido el de no imitar a nadie. En mis estudios académicos tampoco imitaba a nadie: reproducía con la mayor disciplina un standar hyper-formateado (idéntico al de mi profesor del Conservatorio de Limoges o al del Conservatorio Superior de Paris). Standar que abandoné inmediatamente después de que recibí el Primer Premio en el Conservatorio Superior de Paris, otorgado por unanimidad por un jurado del que formaba parte, inclusive Marcel Mule.


11- ¿En la situación actual de la música (que se puede llamar controvertidamente postmodernismo, o fragmentación social en géneros, estilos, corrientes...) se mantiene la significación de jerarquía de virtuosismo, el pedestal retrospectivo de grandes instrumentistas, un objetivo inefable y sin discusión? ¿La falta de un sistema global de sociocomunicación abandona a los músicos instrumentistas y a las instituciones? ¿Los músicos pierden sus capacidades autónomas ?


- El mundo de vanguardia no hay un pedestal para nosotros, los intérpretes. En la música de vanguardia, el postmodernismo es globalmente más conocido aunque no esté presente en las salas de conciertos. Los intérpretes de la música de vanguardia realmente dedicados, son tan pocos en el mundo entero, que son forzosamente autónomos. Pero de este pequeño número la mayoría se apoya solamente sobre los compositores muy célebres y no sobre las obras que creen y quieren compartir con un auditorio. Yo no cuento a los otros instrumentistas que son llevados por su posición a algunas estructuras musicales contemporáneas, a tocar como solistas. En general, cuando dejan estos grupos es para hacer música clásica.


12- El público tiene interés en la glorificación del intérprete. Con el público se establece una confrontación personal y directa en el concierto e indirecta en la edición mediática (disco, radio, video). Si el compositor puede librarse de esta aventura, el intérprete vive en su actividad delante del público… ¿Qué importancia le das al público ? ¿Una performance o una escenógrafia ?


- En la existencia de la música el elemento principal es el público: la existencia potencial y cierta de seres humanos sensibles a este fenómeno sico-sonoro. Compositor e intérprete tienen sentido solamente si existe un público, aunque sea reducido. El momento del contacto entre el público y el intérprete no tiene para mí nada que ver con la palabra confrontación. Se trata de una comunión con algo que todo el mundo cree comprender, pero ésta se realiza por la música a través del intérprete. Mi rol es de transportar una audiencia fuera del tiempo, durante la duración de un concierto, a través de lo que está contenido en la obra y que va mucho más lejos de lo que el compositor cree y / o ha querido escribir. En cuanto a la interpretación vía fonograma, ella exige de parte del intérprete una actitud bastante diferente pero de todas formas vinculada al hecho de que se dirige a diversas personas en momentos y lugares variados. De parte del público ella pide imaginación. Justamente en el marco de la música de vanguardia, esta imaginación es difícil de “maniobrar” por el hecho de la rareza de la difusión de esta música.
Entrevista publicada en el libro.

“MUSONAUTAS” – Entrevistas, de Jorge Lima Barreto
Editorial Campo da Música, Portugal, 2001
(Publicada en la Revista Altántida, Islas Azores, 2001, y en el semanario O Diabo, 2000)

Enviado por Novamusica

Viajar

iTunes